El asno es un noble animal. A él le debe mucho la República. Sin él no habrían progresado ni la agricultura ni la ganadería. Sin el asno, Sucre no hubiera ganado la Batalla de Pichincha ni Alfaro construido el Ferrocarril, pues ¿quién sino el burro para cargar las armas, los durmientes y los rieles?  De allí que, aprovechando la democracia que vivimos en libertad y haciéndole cariñoso homenaje, algunos chistosos candidatizaron en el 2013 a ‘don Burro’  para la Presidencia de la República. (En la historia Patria, sólo los indios y los negros lo aventajaron como “burros de carga”, gracias a los terratenientes, a los ingenios azucareros de cualquier Isaías y a las haciendas bananeras de cualquier Alvarito). Si esta candidatura no prosperó, seguramente fue debido a que los eternos fabricantes de la política criolla –la banca chulquera, los grandes medios, la cúpula eclesiástica y la embajada imperial- optaron por otros personajes, con lo cual varios aspirantes a Carondelet se libraron de quedar a la cola del burro en las elecciones del 17 de febrero de 2014, que las ganó por barrida Rafael Correa en una sola vuelta.

Y… bien, reconocidos todos sus derechos, hay uno que ‘don Burro’ no puede ostentarlo: el derecho a hablar de orejas, y esto porque las suyas son de campeonato. Pero en la actual lid electoral hay varios personajes que hablan de orejas cuando las propias sobresalen a kilómetros de distancia. Así, claman contra la corrupción administrativa cuando en sus gobiernos engordaron a la banca privada y la salvaron saqueando al Banco Central, que guarda la plata del pueblo, o acrecentaron sus fortunas con la sucretización de la deuda externa (Osvaldo Hurtado, Febres Cordero, Jamil Mahuad; asesorado por Guillermo Lasso, causante del famoso ‘feriado bancario’ ) y las suculentas renegociaciones de la misma.

Hablan de derechos humanos cuando fueron actores o, cuando menos, cómplices o testigos mudos de asesinatos y torturas en crímenes monstruosos como el de los Hermanos Restrepo. Hablan de democracia cuando el 30 de Septiembre de 2010, embarcados en el trucutú de la revuelta policial, propiciaron la violencia, el derramamiento de sangre inocente, la muerte y el magnicidio en el fallido golpe de Estado. Acusaban a Rafael Correa de estar “entregado a los yanquis” cuando estos no le perdonan que los haya sacado de la Base de Manta, que expulsara a dos funcionarios de la CIA camuflados de diplomáticos, y a la mismísima y sagrada embajadora del Imperio.

Menos aun lo perdonan la expulsión de la OXY (Occidental), o el asilo de Julián Assange, o su amistad con el extinto gran Comandante; Hugo Chávez y las relaciones soberanas con Irán. En medio de esa fanesca maloliente que es la oposición, hay también quienes exaltan el socialismo y la revolución, cuando en su hora, como miembros del putrefacto Congreso Nacional, jamás presentaron leyes revolucionarias y prefirieron pasar la “dolce vita” parlamentaria durmiendo con el enemigo. Allí están, esos son los que hablan de orejas cuando las suyas son más grandes que las del noble cuadrúpedo.

Joanna Játiva Aguirre
Joanna Alexandra Játiva Aguirre, quiteña de 39 años, residente en Salinas-Santa Elena desde hace 23 años, divorciada tres hijos varones, ingeniera comercial, activista política a partir de Rafael Correa Delgado, de tendencia izquierda de ideología socialista convencida y luchadora desde los 17 años por la equidad y justicia social sin discriminación de edad, raza, etnia y/o género, secretaria nacional de Fuerza Rural-fuerza campesina agrícola.

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