La participación ciudadana LGBTI es importante, pero más aún la participación política de la misma. Esta nos permite acceder a los espacios de poder en las mismas condiciones que los demás, por su puesto, algo así era inimaginable hace unos cinco o seis años atrás.

En el 2013, los medios nacionales e internacionales me calificaron como la primera candidata abiertamente transexual a un cargo de elección popular, es probable que no haya sido la primera en ejercicio, pero si quien dio el rostro públicamente. Es importante ahondar en este sentido porque en el ámbito político puede que existan caras LGBTI.

El detalle es que, si es que no fueron abiertamente LGBTI –en política no sirve el closet– lo sean; y si es que lo fueron, no explotaron ese momento coyuntural. Lo cierto es que aquí calza la frase que siempre planteo: ser activista, es generar impacto, promoviendo La Paz. Si no existe impacto social y político, el esfuerzo se diluye.

Esto fue lo que hice en el 2013, exploté el momento coyuntural que colocó mi rostro en el ámbito de la participación política para las poblaciones LGBTI. A pesar de todo el revuelo realizado en ese año, no alcance el escaño, inclusive por falta de promoción del mismo partido político para el cuál fui candidata. Lo alcanzado pública y socialmente fue por esfuerzo propio y por el apoyo de población LGBTI y no LGBTI que se hizo presente en ese momento. Nunca olvidaré compañeros y compañeras, quienes apoyaron la intempestiva participación LGBTI.

Un artículo publicado en el diario el Telégrafo antes del cierre de las votaciones, anticipaba los resultados de las candidaturas. Es un artículo que se denominó: “La candidata que quiso romper las estructuras“. En ese instante supe que el impacto de ese momento no fue alcanzar el escaño, el impacto fue la participación política abiertamente, sin closet, utilizando mi posición mediática y moviéndoles el piso a los conservadores. Como agitadora social, ese artículo me conmovió, pues recogió no mi trayectoria, sino la trayectoria de lucha por la participación política LGBTI. Cualquier LGBTI hubiese pasado lo mismo que yo viví.

El pasado 28 de Mayo, a través de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI, firmamos un acuerdo con el Presidente del CNE Juan Pablo Pozo, cuyo cuarto ítem plantea impulsar a través de los Consejos Consultivos la participación política LGBTI en todos los partidos políticos, sin distinción. En las próximas semanas tendremos la oportunidad de reunirnos con los partidos políticos, cuyo desenlace es que haya varias candidaturas abiertamente LGBTI, aspirando a un cargo de elección popular. Más allá de la visibilización por orientación sexual o identidad de género, es momento también de que el resto de población LGBTI se active y empiece a exigir a los partidos políticos, la inclusión de nuestros derechos en sus planes de gobierno.

Vivimos otro momento, momentos de inclusión y participación gracias al actual gobierno, aunque el odio de unos cuantos no les permita admitirlo. Las leyes a nuestro favor están en vigencia, es momento de hacerlas carne y piel. Nuestra lucha LGBTI en realidad continúa fuera del closet.

Diane Rodríguez
Diane Marie Rodríguez Zambrano, Psicóloga, activista, transfeminista cuya causa se enfoca en los derechos LGBTI. Es directora de la Asociación Silueta X, y presidenta de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI. En 2009 creó el primer precedente legal al cambiar sus nombres de masculino a femenino. En 2013 se convirtió en la primera candidata abiertamente transexual en postularse a un cargo de elección popular. Es precursora de la Unión de Hecho Homosexual y del Género Opcional en 2016 para las/los Trans.

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