Para que los gobiernos progresistas continúen liderando el desarrollo de nuestro continente, es necesario que se ganen elecciones. Esas victorias dependen en gran parte del manejo de la percepción de la ciudadanía en relación a su progreso como sociedad e individuo. Casi siempre nos hemos olvidado de esa segunda variable. La pelea contra la restauración conservadora, la mentira de las empresas de comunicación y el boicot económico, son una guerra privada entre la izquierda y la derecha. La gran masa de ciudadanos, que no se identifican ni con el gobierno ni con su oposición, están al margen de esa disputa discursiva. Su preocupación es con los significantes individuales que los llevan a creer que viven mejor que antes. Y esa percepción sobre su condición humana puede estar sustentada en su capacidad de comprar productos de marca, un carro nuevo o cambiar de celular todos los años. Y así comenzamos a perder las elecciones.

Cuando la gran mayoría de los pueblos latinoamericanos al fin del período neoliberal no tenían qué comer, se morían en la puerta de los hospitales o eran indigentes; percibían una mejora simplemente por el hecho de tener un plato de comida todos los días. Para muchos millones de latinos, esto ya es pasado y las conquistas sociales históricas no sirven más como parámetro de bienestar.

Ahora hemos llegado a un punto de inflexión. Las derrotas electorales en Venezuela y Argentina han obligado a que la izquierda latinoamericana se mire en el espejo. Después de una década de incontables victorias democráticas, logros sociales, disminución de la pobreza y la consolidación de la soberanía de los pueblos, nos dimos cuenta de que es necesario repensar los mecanismos políticos y económicos que permitirán la radicalización de los procesos de combate a la inequidad e injusticia social. Podemos considerar que en realidad la restauración conservadora no venció los últimos pleitos en América del Sur, sino que la izquierda perdió las elecciones; resultado, sobre todo, de ineficientes campañas comunicacionales, errores políticos y gubernamentales.

Por ceguera o para no mostrar debilidad, hemos enfocado nuestros esfuerzos en hablar sobre la restauración de la derecha. Aparentemente no hemos pasado de eso. Es indispensable una profunda autocrítica que permita entender los errores de la izquierda. No solo hay que corregir la dirección del barco, debemos cambiar la forma en que navegamos.

Cambio demográfico

El crecimiento económico, los procesos distributivos de la riqueza y los extensos programas sociales durante más de una década, han permitido que América Latina produjera una reducción, entre el 2000 y el 2015, de 173 millones a 64 millones de pobres, quiere decir de 33,4% para un poco más del 10% del total de la población del continente – considerando el incremento poblacional. Esa diferencia abismal resultó en la migración al mercado de consumo, modificando la demografía de la región. Este logro económico permitió crear un mercado interno con mejor capacidad de consumo. Sin embargo, el perfil capitalista del desarrollo de una parte de la sociedad no ha sido acompañado de un modelo educacional y político que le permitiera comprender su nuevo rol. Esta nueva clase media, formada a partir de los valores capitalistas, no identifica su desarrollo como resultado de las políticas públicas de los gobiernos de izquierda. Sino que la percepción de mejora en su vida es resultante solamente de su esfuerzo personal. Los valores individualistas, aspiracionales, consolidados a partir de la satisfacción de poder consumir cada vez más, contrastan con los lineamientos políticos de los mismos movimientos progresistas. Nuestra comunicación está básicamente orientada a los públicos de bajo poder adquisitivo, que aún dependen de los beneficios sociales para su subsistencia. En un latín más claro, los gobiernos progresistas hablan para los pobres, que ahora son minoría en relación a la clase media. Debemos considerar también la variable del cambio generacional, en la que el público joven y joven adulto no tiene presente su imaginario la era neoliberal. El pasado, lo viejo, el status quo, ahora es el mismo progresismo.

Gestión Política X Ser Gobierno

Los más de 10 años de gobierno con líderes de la talla de Hugo Chávez, Rafael Correa, Cristina Fernández, Lula y Evo Morales, que llegaron a más del 80% de aprobación en sus gestiones, han creado una burbuja que entorpeció el indispensable y eterno quehacer político. Las grandes estructuras de los movimientos y de los gobiernos se han acostumbrado a ser halados por los grandes motores del liderazgo de los presidentes. El proceso de sustitución de los líderes siempre será un problema para cualquier movimiento que haya conseguido alzar la varilla a esas alturas. Como la eternidad aún no ha sido lograda por la ciencia, los movimientos y sus respectivos líderes debieron haber trabajado en la construcción de un poder popular que tenga mecanismos claros para la formación de nuevos cuadros políticos que viabilicen la continuidad.

En lo gubernamental, la ciudadanía percibe fácilmente la mala calidad del servicio público, los inevitables casos de corrupción, así como el aburguesamiento de los altos y medios mandos en los gobiernos. Este mismo ciudadano recibe una propaganda gubernamental muy distinta la que vive diariamente. Así, creamos una asimetría entre lo que decimos y lo que la ciudadanía percibe. Con este flanco y el constante ejercicio de ataques mentirosos de las empresas de comunicación, se fertiliza el terreno para la proliferación de marchas pseudo ciudadanas auspiciadas por organizaciones sociales financiadas por EE.UU, con tinte de legitimidad. Por más acciones tácticas comunicacionales del progresismo, la fórmula mal servicio-corrupción-aburguesamiento de la izquierda, acentúa la percepción negativa hacia nuestros gobiernos. Es más fácil crear una campaña comunicacional y dar entrevistas apuntando la restauración conservadora, que corregir problemas que pueden costar la cabeza de históricos compañeros de lucha. No se puede tolerar la ineficiencia y la mala fe en cuadros que representan el combate a la inequidad e injusticia. Y en esta cuestión, estamos demorando en dar respuestas.

En una guerra de percepción, en la que ya hemos perdido dos pleitos consecutivos, es necesario que el proceso revolucionario se resignifique. En una sociedad totalmente conectada por las redes sociales, celulares, infocentros, donde todos somos opinadores, y las aspiraciones individuales disputan espacio en el imaginario con las grandes causas mundiales, debemos reconstruir los canales y el lenguaje que permitan a nuestra comunicación tocar nuevamente el corazón de las personas, sin descuidarnos de la ardua labor de combatir la mentira y la desinformación.

En el campo político es necesario repensar otras nuevas utopías. Debemos reconectarnos con una sociedad que ha cambiado sensiblemente, fruto de los beneficios del propio progresismo. Los transcendentales desafíos de vencer la pobreza y acabar con la desigualdad, se han demostrado insignificantes para una sociedad urbana, capitalista que tiene hambre de consumo y sed de subjetividad. Por parte de ellos no hay gratitud. Deben ser conquistados diariamente como objetivo revolucionario. No hay cómo hacer una revolución a partir de confortables oficinas, carros con aire acondicionado, pelotones de guarda espaldas y viajes en primera clase. Debemos volver a conquistar cada centímetro de las calles, cada esquina, cada vivienda, cada retweet. En este mundo hiper localizado, líquido, veloz y peligrosamente distante de la solidaridad, deben ser construidos los nuevos nodos de sueños casi inalcanzables que nos permitan llegar más allá de lo logrado.

Nota publicada en: Correo del Alba

Amauri Chamorro
Lleva a Corinthians y a sus convicciones en el corazón. Master en Comunicación Política por la Autónoma de Barcelona. Ecuatoriano brasilero, estratega, comunicador pero aún así un buen tipo. Caminando por toda América Latina ayudando en nuestra segunda y definitiva independencia. Cree firmemente que la autocrítica es un eje fundamental de los procesos progresistas. “Aún estamos aprendiendo”.

Deja un Comentario

  • (no será público)