El miércoles 18 de mayo, los quiteños sentimos dos fuertes temblores que en muchos casos nos llevaron a la desesperación. Esa sensación de indefensión frente al movimiento de la tierra, fue producto de sendos temblores de 6,7 grados en la escala de Richter a más o menos 300 kilómetros de distancia de la capital. Ahora bien, si estos sismos causaron pánico entre nosotros, podemos imaginar cuál fue la sensación en Manabí y Esmeraldas al tener bajo sus pies el terremoto de 7,8 grados que ocurrió el pasado 16 de abril.

El 2010 en Haití, un sismo de menor intensidad y duración que el de Pedernales, acabó con la vida de más de 200.000 personas (aún no se ha determinado una cantidad exacta). Sin embargo, no todas las muertes registradas correspondieron al terremoto directamente, un alto porcentaje derivó de problemas epidemiológicos como el cólera, resultado de las dificultades de búsqueda de los cuerpos que se descomponían en medio de la vida que intentaban levantar los sobrevivientes.

Entonces, vale la pena preguntarse ¿Cómo es que en Ecuador la cifra de víctimas mortales no llegó a 700 personas, aún cuando el movimiento de la tierra fue de mayor intensidad? Creo que hay varios factores que me atrevo a poner sobre el muro. Creo que ahora, después de las dos últimas réplicas sentidas con fuerza en Quito, pudimos seguir con detenimiento la operación del aparataje estatal en la atención de una emergencia natural.

Podría iniciar este párrafo hablando del protagonismo que el ECU911 y la activación del COE nacional tuvieron durante los procesos post emergencia, para atenderla con inmediatez y eficiencia. Sin embargo, considero que sería más fácil entenderlo si imaginamos la gestión estatal sin la existencia de estas instancias. En el año 2000, Ecuador registraba un 17% de asesinatos u homicidios, para el 2013 la tasa se redujo en casi 7 puntos porcentuales. Estas cifras que tomo como ejemplo, reflejan que aún cuando es la misma sociedad, las circunstancias han cambiado. Es decir que ahora hay un Estado que concentra sus recursos, económicos y humanos, en generar condiciones encaminadas al bienestar de los ciudadanos que representa.

Voy a ser más específica, el estado fallido producto del neoliberalismo, nunca fue capaz de construir un modelo de gobernabilidad eficiente, que atienda a la sociedad. Y es justamente allí que el ECU 911 demuestra que ahora existe Estado en realidad. Hace 10 años, llamar al 911, fuera de lo primermundistas que podía hacernos sentir marcar el mismo número de emergencia que en las películas norteamericanas, no era más que una pérdida de tiempo. Los organismos de atención de emergencia, eran ineficientes por una razón fundamental: no contaban con recursos que permitieran atender las necesidades sociales en su totalidad. El desorden ahondaba el problema, la coordinación de mitigación de daños tras cualquier problema no existía y el país caminaba hacia un triste destino de privatización de la seguridad pública.

Así se explica entonces, que el ECU911 haya sido prioritario en la construcción de ese Estado real. La concentración de funciones de prevención, atención y mitigación de daños en casos de emergencia en un solo ente operativo demuestra la visión estratégica del Gobierno Nacional. No solo ha mejorado la seguridad, también la percepción ciudadana sobre ella pues la presencia territorial del Estado a través de UPCs, UVcs y las propias instalaciones del ECU en todo el país, demuestran el orden en la ejecución de los proyectos gubernamentales.

De la misma manera, hay una hoja de ruta trazada para la atención de emergencias. Cuando la alarma suena en cualquier parte del Ecuador, se activa inmediatamente el Comité de Operaciones Especiales, que dirigido por el propio Presidente de la República recolecta datos nacionales, gestiona con equipo humano en territorio, revisa los acontecimientos con alta tecnología, evalúa daños y toma acciones con inmediatez sorprendente. Es así que el Presidente Correa señaló desde su cuenta de Twitter el miércoles 20, la situación del momento tanto a las 03h00 y 12h00 y cada acción tomada tras acudir en ambas ocasiones a las instalaciones centrales del ECU911 a dirigir el COE nacional.

Por otro lado, la inversión estatal en salud pública incrementó en más de 1000% entre los años 2000 y 2011, esto se refleja en 21 hospitales nuevos y repotenciados a nivel nacional, además de dos hospitales móviles y categorización de centros de salud con diferentes tipos de capacidad de atención, además de la dotación de equipos médicos y ambulancias distribuidas en el país. Todo esto es también parte de un proyecto de país inexistente en lo que he mencionado como el estado fallido, que fue incapaz de dotar de derechos básicos a la ciudadanía, antes de 2006.

La inversión pública en infraestructura vial y aeroportuaria es otra arista que nos lleva a comprender lo que he indicado. Ecuador está conectado a través de una red vial que se ubica entre las mejores de América Latina y la recuperación de aeropuertos para la movilidad nacional cumplieron un rol fundamental durante la atención de la emergencia del 16 de abril. El aeropuerto de Manta recibió inmediatamente a las brigadas de rescate internacionales y el desplazamiento de los equipos se vio garantizado por esas carreteras y vías que resistieron al terremoto por las normas técnicas de construcción. El mayor ejemplo fue para mí, atravesar el puente Bahía- San Vicente, apenas tres días después de la catástrofe. Cabe preguntarse si en gabarras y vías destruidas, hubiera sido posible garantizar el recate de vidas en las poblaciones más afectadas.

Todo lo que he descrito, en algún momento fue tildado por periodistas y oposición al Gobierno como gasto público excesivo. Pues bien, fue ese gasto público el que salvó la vida de miles de personas, ya que sin éste la evaluación de daños, toma inmediata de decisiones, envío de equipos a las zonas afectadas, atención de heridos y damnificados y movilización de rescatistas y afectados no habría sido posible. Hace 10 años los medios tendrían que habernos dicho que lo sucedido fue una pena pero no se pudo hacer más.

Pero ahora, en un mes solamente, se generó un trabajo que reafirmó que existe el Estado y una visión de país. En este lapso de tiempo se cumplió no solo con las actividades de atención a víctimas sino que además se garantizó un trabajo territorial del Gobierno para atender las necesidades de los ciudadanos y se construyó paralelamente una solución para mitigar el impacto económico que significa un evento de esta magnitud. La Ley Solidaria para los afectados por el terremoto fue enviada por el Presidente Rafael Correa a la Asamblea Nacional a la par que designaba funcionarios del ejecutivo para que atiendan a las poblaciones, y diseñaba un esquema administrativo que se encargue de manera permanente de la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas. El Comité de reconstrucción, será liderado por el Vicepresidente Jorge Glas y contará con los recursos humanos y económicos necesarios para cumplir con la labor de volver a la vida que conocimos antes del 16A.

Y fueron los llamados elefantes blancos, los que salvaron a más de 200.000 ecuatorianos de morir, si hacemos un comparativo con la más similar y cercana catástrofe vivida en este continente. Lo que la contrarevolución llama gasto es esa inversión pública, que aseguró que niñas como Nayeli Álava que hoy le canta en Portoviejo al Vicepresidente la Tejedora Manabita y sueña con cantarle al Presidente, pueda levantarse junto a su familia mañana y saber que aunque no tiene esa casa en la que antes jugó y ahora vive con otras personas en albergues provisionales, el futuro seguirá siendo esperanzador porque no importa cuanto digan en la televisión o en la radio que ella o su familia viven en medio del dolor. Ella y todos los manabitas y esmeraldeños saben que el “gasto público” no fue en carreteras, hospitales, escuelas, edificios o canchas de fútbol, la inversión pública siempre fueron ellos, siempre seremos nosotros los ecuatorianos, siempre en tiempos de Revolución.

 

Fotografía: Flickr YoGobierno

Viviana Paredes
Abogada quiteña. 28 años. Dirigente estudiantil y activista política desde los 14. Asesora en comunicación política, escritora de opiniones y temas de coyuntura social, locutora de radio y miembro del Colectivo de comunicadores Espejo Libertario. "Endurecerse sin perder la ternura"

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