Hace algunas semanas, una investigación realizada por la cadena latinoamericana Telesur reveló la existencia de vínculos entre varios personajes de la oposición ecuatoriana y los organismos centrales de inteligencia de los Estados Unidos. Los vinculados, gente de la derecha, son los brazos operativos de la CIA en Ecuador.

La cadena de operadores es comandada por la guayaquileña Karen Hollihan, quien reside en el país del norte y entre sus principales contactos está Fernando Villavicencio. Para quienes no conocen quién es el último personaje mencionado, es necesario comenzar indicando que fungió como sindicalista de la estatal petrolera Petroecuador, de donde intentó saltar a la opinión pública. Siendo el niño de los ojos de la CIA en nuestro país, tiene asidero casi diario en los medios de comunicación privados en donde realiza declaraciones contra el Estado de manera permanente. Y aunque todas sus mentiras han sido desmontadas, tanto empresas de comunicación como la derecha nacional, insisten en mantenerlo en el imaginario de la ciudadanía. Algo así como una Lourdes Tibán pero en masculino.

Luego, Villavicencio pasó de llamarse sindicalista a auto nombrarse experto petrolero, activista social y actualmente desarrolla intensas agendas de medios bajo el título de periodista que obtuvo en la extinta Universidad Cooperativa de Colombia en el año 2010, cerrada por las autoridades nacionales una vez que se descubrió que entre sus graduados habían compradores de títulos de tercer nivel.

Villavicencio ha traspasado los límites legales y morales al emitir mentiras públicamente. Podría decirse que en eso de mentir y sostener su falsedad para luego re aparecer con otra más grande y más insostenible aún, ya podría tener un título de magíster es eso que en la jerga ecuatoriana llamamos “ser cara dura”. Tanto ha incurrido en la ilegalidad, que fue sentenciado a 18 meses de prisión junto a su ex jefe, Klever Jiménez (asambleísta por Pachakutik), por emitir calumnias contra el Presidente Correa, pues afirmó dentro y fuera del país que el economista Correa pudo dejar el cuartel de policía al medio día del 30 de septiembre de 2010, durante el intento de golpe de estado, para resguardarse en un lugar cercano y volver en medio de la violencia policial.

Evidentemente, no pudo sostener tamaña aseveración frente a la justicia, lo que le llevó a declararse perseguido político y esconderse en la selva ecuatoriana por el tiempo en que prescribiría su delito.

Como decimos los quiteños, Villavicencio “es una joyita” que cada vez que asoma sus narices, intenta causar revuelo para ser el gran salvador de la Patria. Últimamente su estilo periodístico se ha convertido en una especie de seguimiento a la farándula politiquera nacional e intenta vincular a los miembros del gobierno en esas tradicionales formas de política a la que nos tenían acostumbrados y que hemos desterrado de la práctica diaria de la construcción del nuevo mundo.

A Villavicencio no le importa la imagen de su país en el planeta, él es el embajador de las malas noticias, del pesimismo y de las mentiras más ridículas. Su último “gol” fue tomar una foto pública del Señor Presidente, durante los trabajos de reconstrucción de las provincias afectadas por el terremoto y ponerla dentro de un tuit con una especie de insinuación machista:

 

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Y bueno, ese es el nivel de debate político del sindicalista-expertopetrolero-activista-hacker-periodistadefarándula Fernando Villavicencio, exponer imágenes sin contexto desde sus cuentas de redes y una página financiada por quién sabe quién, para ver si logra dañar la imagen del gobierno.

Ahora, yo como mujer exijo una explicación decente sobre estas insinuaciones ¿Puede llegar tan lejos Villavicencio al tratar de decir que las mujeres no tenemos capacidad de trabajo, sino que tenemos que buscar otras formas de “gracia” para ser reconocidas por nuestros méritos? Personalmente no conozco a Luisa González, pero me solidarizo con ella desde ahora, por el hecho de que su nombre haya llegado a caer en la boca de un mitómano asalariado que ya no tiene nada que perder, ni su dignidad.

Ser mujer y enfrentarse al estigma social de no poder alcanzar desarrollo profesional sin que se nos vincule a otro tipos de “méritos” ha sido en lo personal, un problema que he enfrentado, y superado. Por eso repudio este tipo de actitudes inhumanas e inmorales que reproduce Fernando Villavicencio en medios y redes sociales. Yo también podría hablar de los rumores de orgías que en el despacho de Jiménez supuestamente se generaban cuando era asambleísta junto a su asesor Fernando Villavicencio. Pero eso no está dentro de mi forma de hacer política y no incurriría en ese juego sucio, para ser algo (no alguien) opacando al resto, con rumores absurdos.

Mientras escribía esta nota no podía dejar de darme vueltas por la cabeza esa frase que decía mi mamá cuando alguien mentía: cada ladrón, Fernando Villavicencio, juzga por su triste condición.

Joanna Játiva Aguirre
Joanna Alexandra Játiva Aguirre, quiteña de 39 años, residente en Salinas-Santa Elena desde hace 23 años, divorciada tres hijos varones, ingeniera comercial, activista política a partir de Rafael Correa Delgado, de tendencia izquierda de ideología socialista convencida y luchadora desde los 17 años por la equidad y justicia social sin discriminación de edad, raza, etnia y/o género, secretaria nacional de Fuerza Rural-fuerza campesina agrícola.

2 Comentarios en: Fernando Villavicencio, el niño de los ojos de la CIA

  1. Miguel Ángel Armijos Silva

    2016/10/11

    JOANNA: Es un orgullo y gran satisfacción leer sus comentarios, en los cuales pone de manifiesto la verdad con tanta altura y respeto a sus lectores; la basura tema de los mismos (Cynthia y Villavicencio), desgraciadamente hay que someterlos al conocimiento de la sociedad y cautelar la contaminación de estos anti-patrias con el resto de las juventudes.
    Mi fuerte respaldo hacia Usted y a las verdades que se denuncian.

    Miguel Armijos Silva

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  2. Ruth

    2016/10/13

    Felicitaciones, por ayudar a desenmascarar a tantos irresponsables.

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