La campaña electoral por la presidencia está a la vuelta de la esquina, y la derecha sigue moviéndose para intentar posicionarse de mejor manera en las encuestas. El banquero Guillermo Lasso, quien ya lleva buen tiempo y dinero invertido en su afán por llegar a Carondelet, trajo un refuerzo extranjero para apoyar su campaña anticipada. Se trata de Sebastián Piñera, expresidente de Chile, perteneciente a la coalición Unión Demócrata Independiente (UDI), quien también ocupó un escaño en la cámara del senado de su país. Piñera es conocido además como uno de los hombres más ricos e influyentes, dueño de la tercera mayor fortuna de Chile, según la revista Forbes.

Con semejante hoja de vida, Piñera se perfilaba como un gran aliado estratégico de Lasso en el peliagudo trabajo que implica difundir un programa de gobierno absolutamente impopular. ¿Cómo hacer que la gente apoye la privatización de la salud, la educación, la seguridad social y los servicios básicos? ¿Qué cuento contar sobre el libre mercado para justificar el libre flujo de capitales financieros, así como la añorada precarización laboral? ¿Cómo dejar atrás el lastre del feriado bancario y la venta del país a Estados Unidos y volver a ganar la confianza de los ecuatorianos? Seguramente Piñera, un magnate proveniente del país mejor ubicado en rankings de crecimiento económico en América Latina, servirá para legitimar este discurso, camuflándolo entre los típicos disfraces de las libertades, la democracia, el desarrollo, entre otras frases clichés de la derecha.

Algunos comentarios alrededor de esta visita dieron como resultado que ambos políticos tienen muchas cosas en común: son empresarios, tienen una visión similar sobre la orientación de la política pública de los países, incluso manejan la misma jerga. Pero no solamente eso, sino que también tienen trayectorias manchadas por escándalos de corrupción y negocios fraudulentos. Piñera carga sobre sus hombros una larga lista de escándalos de corrupción que son todavía objeto de investigación, entre los que se destacan la evasión tributaria de la empresa Johnson’s, con la que tiene vínculos familiares; los sobreprecios en un contrato para la compra de equipos antidrogas conocido como caso “Frontera Norte”, o las licitaciones amañadas en contratos del Instituto del Deporte, que costaron millonarias pérdidas al presupuesto del Estado.

Seis años han pasado desde que Piñera, entonces presidente de Chile, destacó las virtudes del gobierno constitucional del Ecuador, Rafael Correa y la vigencia de la institucionalidad que se vio afectada con el intento de golpe de Estado que se registró el 30 de septiembre de ese año, a raíz de una sublevación de un grupo de policías.

En aquellos años, no electorales en el Ecuador varias fueron las alabanzas del millonario chileno a las políticas implementadas por Correa. Pero en el 2016, cuando la carrera electoral está en marcha Piñera ha cambiado de parecer, y lo expresa junto a su multimillonario amigo banquero, Guillermo Lasso.

Aquel año 2010 en el cual Piñera aplaudía las políticas públicas ecuatorianas, la tierra tembló en Chile, cambiando drásticamente la arquitectura y rutina de los ciudadanos. La tragedia de 8,8 grados en escala Ritcher dejó 525 muertos. Piñera estaba a días de dejar su matando, poco le importo la tragedia.

El fuerte sacudón tuvo un dura réplica en la política chilena, al develarse los negocios inmobiliarios entre los empresarios y Piñera. Los criterios de asignación de fondos del plan de reconstrucción “Manos a la obra” fueron poco transparentes ya que no existió licitación y los primeros 8 mil millones de dólares se repartieron entre tres cadenas de materiales de construcción, así lo destacó la politóloga argentina Maria Florencia Pagliarone su artículo Terremotos y Política, publicado por la Celag.

Pero todo ese historial no importa, a fin de cuentas, la gente en Ecuador no sabe quién es este personaje; lo único que debe importar es que él, al igual que su colega ecuatoriano, sabe cómo generar más empleo y emprendimiento. En toda esta parafernalia creada alrededor de la visita, se destacó un detalle que dejó por los suelos toda intención de consolidarse como un candidato fuerte para las elecciones. En su declaración conjunta, Piñera manifestó su rechazo a los paraísos fiscales porque son aprovechados para actividades éticamente cuestionables. Y aunque no tiene mucha calidad moral para hacerlo, Piñera al menos reconoce cuánto perjuicio puede provocar esta práctica para los estados.

El centimetraje del banquero creció con la visita del ‘Rockefeller’ chileno, que reconoció la necesidad de luchar contra los paraísos fiscales. Una lucha que no tiene banderas políticas, ideológicas o academias. Una lucha que la hacen los campesinos, como los de mi comunidad, Los Óvalos, en Natabuela, provincia de Imbabura. Una lucha que la hacen los de a pie de mi país. Un sentimiento respaldado por las principales personalidades del mundo.

Juan Pablo Ruiz
En pocas palabras: periodista nacido en Atuntaqui en 1984, aunque le hubiese encantado nacer en Jerez, la cuna del arte. Licenciado en Comunicación por la Universidad Técnica del Norte. Apasionado por la tecnología, Política 2.0, redes sociales y periodismo. Excorresponsal en la cadena teleSUR, ha colaborado con varios medios internacionales como RT. Actualmente se desempeña como investigador y consultor de comunicación política.

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