En el año 2012, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), realizó por primera vez un sondeo a la población respecto a la filiación religiosa de los ecuatorianos. Los datos indicaron que ocho de cada diez ciudadanos se identifica con la religión católica, en un país donde el 91% de la población afirma profesar una creencia.

En ese contexto, los postulados de la iglesia católica son respetados por sus seguidores inclusive cuando estas posturas se vinculen a las decisiones políticas del país. El problema es que como toda institución social, existen estructuras jerárquicas que marcan diferencias entre quienes la integran. En Ecuador, estos dos factores se han unido para construir una cercanía de la cúpula de la iglesia católica con la élite económica nacional, que ha generado que la primera pueda ayudar a la última a través de su influencia en el pueblo.

Y esta influencia, aún dentro del Estado laico, no solo se ha manifestado en los púlpitos dominicales sino que ha sido declarada por los representantes católicos a través de medios públicos apoyando a sectores tradicionales conservadores y de derecha a lo largo de la historia del país. Monseñor Antonio Arregui, quien más de una vez se ha mostrado cercano al socialcristianismo, inició una postura de oposición al gobierno de Rafael Correa desde el mismo año 2008 cuando se convirtió en un actor político que literalmente tergiversó el espíritu de la Constitución naciente, generando la falsa idea de que surgía un Estado proaborto y diseñado para la destrucción de la familia tradicional, para tratar de que el pueblo vote en su contra en una consulta popular que terminó ratificándola.

Arregui comparó a los hermanos Isaías con los personajes bíblicos Ezequiel, Elías o Job cuando el Estado incautó sus bienes en 2008, como parte de un procedimiento de recuperación del dinero de los cuenta ahorristas que enriquecieron a los ex dueños de Filanbanco y que actualmente son solicitados por Ecuador para ser extraditados desde Estados Unidos y juzgados bajo las leyes nacionales por peculado. Su postura violenta el concordato que Ecuador mantiene con el Vaticano desde 1937 que establece que la iglesia no participará en la política del país.

En 2011 las hojas de misa entregadas a los feligreses, previo a la segunda consulta popular a la que la iglesia católica se oponía y que además llevaba publicidad del Banco Pichincha en su contraportada, decían textualmente “Tener carácter es saber decir no”. Esto a pesar de que previamente Monseñor Arregui había dicho que la iglesia no haría campaña política contra las preguntas planteadas por el gobierno. Desde entonces la campaña de la cúpula católica contra la política pública de la Revolución Ciudadana ha sido permanente y seguramente esta campaña política no será la excepción.

La élite religiosa en el país mantiene un matrimonio con la burguesía y un profundo divorcio con los sectores populares, por eso se imponen sus criterios y se minimizan a los servidores de Dios que le honran con los postulados de la justicia social y la igualdad. Grandes hombres y mujeres han levantado la bandera del amor al prójimo como a sí mismo dentro de la institución y han sido menospreciados, minimizados e incluso asesinados por su trabajo junto a los pobres. En El Salvador Monseñor Oscar Arnulfo Romero, en Colombia Camilo Restrepo. En Ecuador Monseñor Leonidas Proaño, Obispo de Riobamba y candidato al Nobel de la Paz, abandonó una vida material por el servicio a las comunidades indígenas de la sierra centro, fue acusado de guerrillero, encarcelado y murió en la pobreza. Es una pena tener que compararlo con Arregui que frecuenta el Club de la Unión en Guayaquil y vive con todas las concesiones que un puesto jerárquico le brinda. Dos situaciones muy diferentes en una misma institución, seres humanos creadores de esperanza y practicantes del evangelio bajo las órdenes de los cercanos al poder represivo de la derecha.

Entonces ¿a quién puede representar esa élite? Tras una constante campaña antigubernamental probando su fuerza sobre los seguidores del evangelio en temas políticos la cúpula de la iglesia ha dejado clara su distancia enorme entre sí y el pueblo. Una cúpula que se ha convertido en cómplice de lo que debe combatir: la injusticia.

Francisco, sin duda es un referente mundial respecto al resurgir de la esperanza por un mundo de igualdad. El primer latinoamericano en asumir la jefatura mundial de la iglesia católica ha sido claro en la necesidad de combatir la pobreza. En contraposición con la acomodada élite de la iglesia ecuatoriana, el Papa ha mostrado su cercanía con los postulados de la propuesta de la Revolución Ciudadana y ha invitado al presidente Correa a participar en la constitución del Laudato SI – su segunda Encílica- durante su gestión como autoridad de la religión.

Se acercan las elecciones, veamos que sorpresas nos trae el sector acomodado de quienes no conocen la realidad de la misa de pueblo, de parroquia, de barrio, de frontera, de sector urbano marginal, frente a las elecciones. En lo personal hago votos porque Arregui y su círculo reflexionen sobre el sentido del Estado laico, el conflicto de intereses entre sus allegados políticos y la necesidad del pueblo, el concordato entre Ecuador y el Vaticano así como las decisiones del Papa Francisco (su máxima autoridad).

En resumen me pregunto, parafraseando a Quilapayun: ¿qué diría el Santo Padre que vive en Roma, al saber que los políticos de derecha en Ecuador, la cúpula de su iglesia y la banca le están degollando a su paloma?

Viviana Paredes
Abogada quiteña. 27 años. Dirigente estudiantil y activista política desde los 14. Asesora en comunicación política, escritora de opiniones y temas de coyuntura social, locutora de radio y miembro del Colectivo de comunicadores Espejo Libertario. Tal vez la recuerdes de los tweets que salen de la cuenta @VivianAssange "Endurecerse sin perder la ternura"

Un comentario en: El rol de la cúpula católica en la política del país y su apoyo a la derecha conservadora

  1. JOSE Cedillo Fernández

    2017/01/20

    LA JERARQUÍA CATÓLICA RETRÓGRADA ES PRINCIPAL ALIADA DE LA DERECHA, CON ARREGUI A LA CABEZA.

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