Las elecciones del 2 de abril han concluido y existe un claro ganador, el candidato de Alianza PAIS, Lenín Moreno con el 51.15% de votos.

Las misiones electorales de la OEA y UNASUR han ratificado la victoria del progresista, y ya varios líderes mundiales han expresado sus felicitaciones hacia el candidato ganador. Sin embargo, el excandidato Guillermo Lasso no ha aceptado los claros resultados y busca impugnarlos. Esto no es viejo en la política ecuatoriana, es bastante común, pero nunca debería ser normal. Y, aunque las comparaciones no son agradables, a veces son necesarias: En la pasada elección presidencial de Perú, el actual presidente Pedro Pablo Kuczynski obtuvo la victoria con “apenas” el 0.24% de los votos sobre su contrincante, Keiko Fujimori, quien inmediatamente aceptó la decisión del pueblo peruano. Para el caso ecuatoriano, la diferencia es mayor en porcentaje y número de votos, el 2.3% y más de 220.000 votos respectivamente hasta el cierre de este artículo. Con certeza, lo que haga el candidato perdedor Lasso no va a alterar en lo absoluto la decisión de las y los ecuatorianos, incluso probablemente pueda encontrar alguna inconsistencia; totalmente normal en un proceso electoral que nunca será perfecto, pero siempre perfectible, pero que no alterará los resultados.

Pero lo verdadera y tristemente importante es la inmadurez de nuestros dirigentes políticos. Muchas veces la memoria nos falla, no hay que olvidar que hace casi nada, en la primera vuelta sucedió algo similar, tal vez un poco menos vergonzoso, pero igualmente escandaloso: Se mostraba frente al público la supuesta y clara prueba del fraude del CNE, supuestas actas adulteradas que en verdad se trataban de actas de capacitación a miembros de las juntas receptoras del voto y de dominio público. La prensa nacional, con excepciones, no mencionó nada sobre esto. Igualmente, sobre los sucesos en el partido de fútbol de la selección ecuatoriana contra la colombiana, se dijo en varios medios de comunicación privados que una entidad del estado habría comprado entradas para el encuentro, la verdad es que el cheque del Banco del Pacifico hacia la FEF se trataba de parte del pago del patrocinio que realizaría el banco al campeonato nacional de este año en su primera división. Estos dos sucesos son claros ejemplos de cómo el engaño existe todavía en la política nacional, y como muy peligrosamente pueden influenciar a gente de buen corazón, pero con muy mala información. Otro actor de esta campaña electoral, de la política actual y verdaderamente de todos los sucesos del momento, son las redes sociales. Estas redes, que en verdad enredan todo, son un nuevo poder de comunicación donde cualquiera puede expresar a la sociedad cualquier cosa, sin control alguno. Y es un derecho la libertad de expresión, pero también hay obligaciones morales y legales que deberían cumplirse, y donde por lo menos actualmente las últimas son inexistentes, y las primeras no se dejan ver mucho.

La campaña se acabó, hay un claro ganador escogido por la mayoría. Nos guste o no, es parte de la democracia. Pero queda hacer un análisis para el futuro y la vida política que sigue, es necesario preguntarnos si es correcto que si por que el candidato perdedor no acepta su derrota se deba exponer a la gente, a la vida y a la tranquilidad pública. También hay que preguntarnos, y respondernos ya, si quienes realizan claros engaños sociales que puedan tener reacciones incorrectas, deban seguir teniendo acogida por parte de la sociedad. Es claro preguntarnos, y tomar acción, sobre si debemos aceptar la mentira, el engaño y la infamia en cualquier espacio, venga de donde venga, y sea contra quien sea.

La campaña se acabó. Es el tiempo de unir todas nuestras manos por los grandes objetivos del país, ha llegado la hora de dignificar la política.

Foto: Europa Press

Erick Gaona
Estudiante secundario, futuro Bachiller de la República y futuro economista del mundo. Fue el primer Asambleísta por un día en la Asamblea Nacional de la República del Ecuador. Es actualmente editor y articulista del diario local El Tumbaqueño.

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