“…jamás reconoceremos la victoria de un candidato declarado por el Consejo Nacional Electoral como Presidente Electo.” Frase textual del banquero Guillermo Lasso, candidato derrotado. No vale la pena mencionar que su aliado el Alcalde de Quito fue reconocido por ese mismo órgano y que lo mismo ocurre con sus asambleístas. Debemos de ver con claridad qué anuncia para los próximos 4 años y sepan, sin ser profeta, que Lasso no es Capriles y que sus intereses como banquero lo sacarán de las calles, pero testaferros de vocación fascista y de fácil alquiler, bien se prestan a cualquier aventura.

La táctica: 1. Calentar las calles y de ser posible generar un asesinato como parte de la supuesta represión; 2. Deslegitimizar el orden constitucional, el estado de derecho y la democracia; 3. Convertir en el imaginario popular, a los derechos ciudadanos en opción populista y dictatorial; 4. Transformar la imagen del Presidente en un tirano. 5. Buscar corromper a algún militar de alto rango y mantener, en base al financiamiento, la movilización de sectores indígenas y populares conservadores, o engañados. Este es el proceso de desgaste, y tienen los recursos para mantenerlo por meses. Ellos han traído el modelo venezolano de desestabilización pero, parafraseando a José Carlos Mariátegui, si ninguna revolución será “calco ni copia”, tampoco ninguna contrarrevolución lo será. La prudencia con la que se ha respondido y la defensa del estado de derecho ha bastado por ahora para desmontar la asonada programada.

La derecha apuntó a la mayoría en la Asamblea y no lo logró. Perdieron la consulta popular sobre los paraísos fiscales y por pocas décimas no son derrotados en la primera vuelta. Gritaron fraude desde antes del conteo y lo mismo hicieron en la segunda vuelta. Hoy esta oligarquía del banquero, desesperada evidencia qué quiere y ya: la recuperación de sus privilegios y nada más. Ya en artículos anteriores habíamos mencionado a Gene Sharp, el nuevo teórico de las protestas desestabilizadoras proimperiales, recomiendo leerlo y analizarlo. El proceso no será corto. Ellos han traído, repito, el modelo venezolano de desestabilización. Una especie de guerra de baja intensidad en las calles, destinada a minar la autoridad, el estado de derecho y la institucionalidad. Con los millones que tienen, aspiran a comprar la presencia popular, sostenerla, generar algún asesinato para culpar al gobierno y en base a una o varias mentiras sostenidas desconocer todo respeto a la Constitución, todo orden constitucional. Eso es todo. No hay debate, no hay reconteo de votos, no hay búsqueda de otra cosa que no sea volver a los privilegios.

Hasta ahora mantener a los sectores democráticos fuera de las calles ha dado resultado. Al no encontrar contrincante la oligarquía no ha podido producir heridos ni muertos, salvo, como siempre ha ocurrido en estos años, Policías golpeados por furiosos niños bien o lumpen contratado.

Nuestras tareas. Todos coincidimos que los primeros 100 días serán claves. Muestras concretas de aplicación del programa propuesto y las correcciones indispensables de las tareas que se dejaron de lado. Frentes Amplios en cada parroquia, con los Presidentes de las Juntas Parroquiales sean de Alianza País o de cualquier otra tienda política siempre y cuando defiendan los intereses de las mayorías en este concepto amplio y policlasista que es la Revolución Ciudadana, con los Alcaldes en los Cantones y en cada Frente Amplio una comisión de ética compuesta por los hombres y las mujeres honorables de cada localidad destinada a evitar cualquier forma de corrupción. Alianza País deberá democratizar sus mecanismos de elección, reunificar sus filas y revisar el modelo de construcción del Movimiento. Dejar de lado ese estilo de privilegiar grupitos de poder local y abrirse a la nueva realidad de participantes. Entender que ser la principal fuerza política no nos garantiza ni obliga a una hegemonía en la construcción al interior del movimiento. Por su parte el nuevo Gobierno deberá preocuparse mucho al elegir gobernadores y directores provinciales cuyo trabajo es fundamental para recuperar ese voto de castigo que hemos recibido en Sierra Centro y Amazonía principalmente. Es muy fácil culpar al estilo confrontativo del Presidente y decir que por ello perdimos votos. La verdad es que la falta de recursos en algunos casos, la indolencia de malos funcionarios y la falta de coherencia de AP ha sido, en muchísimos casos, factor de derrota, generando este voto de castigo. Finalmente sin educación y cultura política no habrá avances sustantivos. Alianza País requiere democratización y formación, requiere redefinirse como movimiento y abrir las puertas de los locales y reinventar su estructura. La fuerza simpática de Lenín y su mano abierta puede funcionar un tiempo. Si no hay cumplimiento de los compromisos adquiridos en los 5 puntos de la campaña y en las tres misiones, la frustración será mayor. Ganamos, pero ser autocríticos implica ligarse a los movimientos sociales, leer el mensaje de la ciudadanía y pasar de la autocomplacencia al servicio verdadero al ciudadano y a la ciudadana. Mil veces repitió Rafael Correa el mensaje sobre lo que deben ser los servidores públicos. Mil veces se ha incumplido. Cambiemos. Dicen que ya no habrá enlace ciudadano, es indispensable encontrar un mecanismo de educación y rendición de cuentas que ligue a Lenín y su gobierno a la educación política y al contacto permanente con la ciudadanía. En ello la Asamblea deberá cumplir un papel fundamental de legislar con el pueblo. Asamblea itinerante y en permanente contacto con los mandantes. Pepe Serrano jugará un papel fundamental en esta correa de transmisión que debe ser legislar con la base, para romper la hegemonía de las leyes muchas veces nacidas del escritorio tecnocrático. El cambio es para profundizar y redistribuir con mayor eficiencia. La Revolución Ciudadana debe satisfacer a ese amplio espectro de sectores sociales y de clase, que representa hoy el mil veces legítimo gobierno de Lenín Moreno.

Foto: Telesur

Luis Varese
Fue periodista, corresponsal de guerra en Centroamérica. Tiene estudios en antropología. Participó en la Revolución Nicaragüense con el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Durante 24 años fue funcionario del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. En Ecuador fue asesor del Ex Ministro del Interior, José Serrano y hoy escribe como analista político sobre América Latina.

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