Nota introductoria: El autor escribe el presente artículo desde el Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po)

 

El 23 de abril se llevó a cabo la primera vuelta de la elección presidencial francesa. Los resultados catapultaron a la segunda vuelta, que tendrá lugar este 7 de Mayo a Emmanuel Macron del partido En Marcha! y a Marine Le Pen del Frente Nacional con votaciones del 24.01% y 21.30% respectivamente. Esto confirma el desgaste de los tradicionales partidos que han dominado la V República Francesa (que se refiere a los casi 60 años de vigencia de la Constitución actual). La derecha de Los Republicanos y la centro-izquierda del Partido Socialista no superaron el 27% de apoyo y por primera vez ninguna está en segunda vuelta. El candidato republicano, François Fillon, a más de acarrear el desgaste de su partido tuvo que pagar un precio adicional en las últimas semanas al verse envuelto en un escándalo sobre las remuneraciones públicas que habrían recibido su esposa e hijos. Los socialistas, que lanzaron como candidato a Benoît Hamon, llevaron la peor parte con un escueto 6,36% de la votación.

Este desgaste de las tradicionales fuerzas políticas francesas contrasta con la mejor suerte de Macron y Le Pen al presentarse como figuras supuestamente renovadas y distantes de las élites políticas. Pero: pas du tout! (en francés, ¡para nada!) Macron, que corrió con partido propio creado en abril de 2016, siempre ha sido un personaje cercano a las élites económicas y políticas en su paso por la burocracia y por la banca de inversión. El presidenciable colaboró en varios cargos con el saliente gobierno del ya muy impopular François Hollande. Por ejemplo, como Ministro de Economía, Macron fue el impulsor de los contenidos más duros de la reforma de flexibilización laboral conocida como Ley El Khomri. Por otro lado, no hay que olvidar que el Frente Nacional no es ningún actor nuevo en la palestra francesa. Existe desde 1972 cuando fue fundado por Jean-Marie Le Pen, padre de Marine. Sin embargo, los últimos procesos electorales confirman al reaccionario partido como un actor relevante y casi “normalizado” en la política francesa: tiene representación en el parlamento europeo, varios gobiernos locales y su candidata presidencial en la segunda vuelta. Así mismo, el Frente Nacional ya no genera abrumadoras movilizaciones de rechazo como las que ocurrieron cuando el padre Le Pen llegó a segunda vuelta en 2002.

Jean-Luc Mélenchon, antiguo socialista y actual parlamentario europeo, corrió por segunda ocasión pero con movimiento propio: La Francia Insumisa. Con un 19.58%, “Méluche” quedó a menos de 2 puntos de meterse en el ballotage luego de una importante crecida en el tramo final de su campaña cuando abrió el espectro de sus interlocutores. Por ejemplo, matizó – aunque no abandonó – su discurso crítico con la Unión Europea para no ahuyentar a los más moderados. Por otro lado, pasó de dirigirse exclusivamente al votante de izquierda a hablarle al pueblo francés, siguiendo los pasos de fuerzas como Podemos en España y de intelectuales del populismo de izquierda como Chantal Mouffe. La force du peuple (la fuerza del pueblo) se volvió el lema de su campaña y su discurso interpeló con fuerza a los sectores más relegados y empobrecidos por la globalización, un nicho en el que también ha calado, de manera distinta, la campaña de Le Pen. Para varios, una renuncia del candidato socialista Hamon, pudo haberse traducido en el “par de puntos” que le faltaron a Méluche. Nunca lo sabremos.

De cara a la segunda vuelta, Francia se encuentra en una difícil encrucijada entre el neoliberalismo financiero de Macron y el anti-republicanismo xenófobo y excluyente de Le Pen. Los voceros de las élites políticas cerraron rápidamente filas por Macron quien se apresuró a arremeter contra el silencio de Mélenchon y los insumisos en lugar de intentar seducirlos. Le Pen, en cambio, trata de acercarse a este sector vendiendo una falsa idea de similitud y, por otro lado, ha firmado un pacto con el derechista Dupont-Aignan para hacerse con su 4,70% de votos: de ser electa, lo nominará para Primer Ministro.

Macron podrá captar con más facilidad buena parte del voto republicano y socialista usando el miedo a Le Pen como estrategia primordial. Le Pen atraerá el voto de Dupont-Aignan sin mayor problema. Tampoco sorprenda que ésta pueda hacerse con una fracción del voto de Mélenchon que proviene de los sectores más empobrecidos a los que ni Macron ni sus amigos de las élites le han sabido hablar.

De todas formas, este escenario muestra que Le Pen no tiene mucho a donde crecer y por ello recibió los resultados de la primera vuelta con desdén: no terminó ni primera, ni con el 30% que esperaba. Por otro lado, las encuestas pronostican un aumento del ausentismo y del voto blanco como rechazo a la dicotomía que queda para la segunda vuelta. Esta postura provendrá, en mayor medida, de los insumisos de Mélenchon quien ha anticipado que jamás votaría por Le Pen y que deja a sus votantes la libertad de elegir. Adopta así una posición coherente para no ser cómplice-por-utilitarismo de lo que Francia vivirá bajo el liberalismo económico de Macron. Así mismo, su posición es estratégica para no desencantar a los actuales y potenciales insumisos de cara a las elecciones legislativas de junio y la carrera de resistencia de los años por venir. Sin embargo, los insumisos no dejan de ser sensibles al miedo al Frente Nacional. Una minoría ya se pronunció a favor del voto útil favorable a Macron en una informal consulta realizada por la Francia Insumisa a sus bases más leales. Además, si los últimos sondeos y las percepciones de los electores apuntan a una última crecida de Le Pen, las posibilidades del voto útil para Macron podrían aumentar.

Ante la dicotomía que enfrenta Francia, el “mal menor” sería que Macron se transforme en el octavo presidente de la V República Francesa sin un inflado margen de legitimidad producto del voto temeroso y dejando en compás de espera lo que suceda en las elecciones legislativas. Macron no necesita pensar que acapara un gran apoyo popular como sucedió con Chirac cuando en 2002 derrotó al padre de Le Pen gracias al miedo. Nada bueno salió de eso. En tal sentido, la posición de los insumisos de mantenerse críticos y no decantarse de inmediato por el miedo podría generar una importante señal electoral para quien parecería que ocupará el Eliseo durante los próximos años.

Foto: La Vanguardia

Andrés Chiriboga Tejada
Sociólogo y financiero, un cruce poco común. Con estudios en Sociología Económica por la London School of Economics and Political Science y en Finanzas por el TEC de Monterrey. Durante los últimos diez años ha trabajado como técnico, consultor y asesor en varias instituciones gubernamentales dentro del frente económico. Participó en la elaboración de la Agenda de Política Económica 2011 – 2013 y el Plan Nacional para el Buen Vivir 2013 – 2017. Fue delegado de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES) ante la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera entre 2015 y 2016. Apasionado por el análisis de los fenómenos económicos en su dimensión social y política.Su visiónEl sistema económico debe garantizar la producción y reproducción de las condiciones materiales y inmateriales que posibiliten el Buen Vivir.

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