El éxito del Gobierno del Presidente Lenín Moreno mantendrá al Ecuador en la vanguardia de la izquierda latinoamericana. El Presidente Correa (disculpen, no logro llamarlo ex presidente) alcanzó un prestigio mundial que poquísimos líderes de nuestro continente han logrado. En su gestión logró prácticamente lo que se propuso en 2006; materializar una Patria soñada para todo el pueblo ecuatoriano. A su vez, Lenín Moreno es el primer presidente de la historia del Ecuador que recibe un Estado para gobernar: con estadísticas, procesos, gestión, recursos, infraestructura, institucionalidad y un legado democrático que defender. Su desafío es del tamaño del prestigio de su antecesor, inmenso.

Sin embargo, el conflicto entre las narrativas de los presidentes Moreno y Correa que viene desde la pre campaña es evidente y debe ser resuelto inmediatamente. No basta apenas que ambos, puertas adentro, resuelvan las tensiones frente a un natural nuevo estilo de gobernar, que a su vez no amenace los ejes fundacionales de la Revolución Ciudadana. Los sectores más próximos al Presidente Moreno eran muy críticos del supuesto radicalismo y falta de diálogo del Presidente Correa. Pese a ello, el golpe de timón dado por Moreno tampoco ha sido compartido y socializado con la militancia que le dio la victoria en las urnas. Hasta la presente fecha ninguno de los presidentes ha instalado en las bases militantes un consenso, desde la autocrítica y la visión de futuro, que genere una cohesión política que sustente la Revolución en estos nuevos tiempos.

Si comunicacionalmente no queda claro ese consenso, continuarán proliferando los rumores de que el Ejecutivo intentará fundar un nuevo partido, de que Alianza PAIS romperá con el Gobierno, y que los sectores disidentes que tomaron la mano extendida del Presidente Moreno y reingresaron al gobierno de la Revolución Ciudadana, intentan, de alguna manera, vengarse del Presidente Correa. Este ambiente solo es propicio para la oposición, que quiere vender a los correístas como la verdadera amenaza al Gobierno del Presidente Lenín Moreno, cuando fue ese voto duro el que le dio la victoria. No nos olvidemos que esos voceros del caos desconocían al Presidente Moreno reafirmando que harían todo lo posible para desestabilizar su recién iniciado mandato. En su mayoría, funcionarios de empresas de comunicación que mucho saben del arte de mentir.

Ya existen ejemplos claros en América Latina, con sus debidos matices, como fueron los casos de Brasil y Venezuela. La Presidente Dilma en su primer mandato rompió con el PT y las bases militantes creyendo que podría gobernar con la derecha mercantil. Casi pierde la reelección, siendo derrocada con un golpe parlamentario pocos meses después de su posesión y con una aprobación de su gestión de apenas el 7%. En el caso de Venezuela, el Presidente Nicolás Maduro ha resistido desde el primer mes de gobierno a una arremetida terrorista de la oposición que ha causado más de un centenar de muertos, apoyada por las empresas de comunicación y un bloqueo económico desde los Estados Unidos, comparable al sufrido por Cuba desde hace 50 años. No ha sido derrocado por la cohesión firme del PSUV y por la sustentación de las bases chavistas, a tal punto de que se da el lujo de convocar una Asamblea Constituyente que lo obligará a enfrentarse en las urnas con la feroz derecha venezolana.

Si en Ecuador se superan las barreras políticas naturalmente generadas por un momento histórico de transición, el Presidente Lenín Moreno tendrá una maquinaria política, comunicacional y electoral aceitada para alcanzar la gobernabilidad sin tener que ceder a sus principios. Cohesionados será más fácil abrirse a sectores que no participaban del gobierno anterior sin abdicar en la histórica tarea de continuar una Revolución Ciudadana que ha transformado al Ecuador en referencia mundial en materia de desarrollo social y económico.

Amauri Chamorro
Lleva a Corinthians y a sus convicciones en el corazón. Master en Comunicación Política por la Autónoma de Barcelona. Ecuatoriano brasilero, estratega, comunicador pero aún así un buen tipo. Caminando por toda América Latina ayudando en nuestra segunda y definitiva independencia. Cree firmemente que la autocrítica es un eje fundamental de los procesos progresistas. “Aún estamos aprendiendo”.

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