Que pena señor presidente:

Desde el 2007, incluso un poco antes, comenzó la construcción de un sueño en Ecuador, un sueño colectivo hecho realidad que ya es historia. Eso usted lo conoce muy bien, todas y todos lo conocemos muy bien.

Claro que hay que ser siempre gratos y reconocer los méritos y las cosas positivas. Usted fue parte de esta muy acertadamente llamada Revolución Ciudadana, hay que decirlo, lo fue durante 6 años como vicepresidente de Rafael Correa, líder indiscutible de este proceso. ¡Y vaya que se hizo historia durante esos 6 años! Por primera vez se visibilizo a aproximadamente 300 000 personas con discapacidad que antes, no recibían la menor atención social y peor estatal, en todos los sentidos de la palabra. La Misión Solidaria Manuela Espejo bajo su liderazgo, fue una cruzada nacional contra viento y marea para atender, como siempre debió ser, a las personas con discapacidad que tanto lo necesitaban. Usted lo manifestó: “Manuela Espejo es una misión de enormes proporciones que no tiene precedentes.” Como algo personal, siempre me pareció admirable su accionar, se hizo historia.

Las diferencias de estilo, pensamiento y acción son la diversidad que hacen a un proyecto político algo hermoso. Pero existen líneas rojas, limites donde la discrepancia se transforma en felonía cuando existen postulados y principios claros. El 2 de abril de este año que se acaba, el pueblo ecuatoriano tras una sucia campaña contra usted por parte de sus oponentes, nunca opositores, eligió en mayoría que quería seguir caminando con el fondo, tal vez no la forma, de la última década. Usted prometió a todo un país hacerlo, y ese país confió en usted, los más pobres, los migrantes, los artesanos, los campesinos, los afectados por terremoto del 2016, nosotros los jóvenes. Pero ocurrió todo lo contrario.

Es muy claro y solo hay que recordar las contradicciones de base del actual gobierno. Diálogo con todos los sectores no afines a la verdadera Revolución Ciudadana, nunca con quienes hicieron patria la década pasada, reparto de empresas públicas y medios de comunicación públicos a sectores tradicionales y bastante retardatarios, claras pronunciaciones de rechazo a lo hecho por el anterior gobierno al mismo tiempo que se levantaba la figura de Rafael Correa en el cambio de guardia presidencial (en una forma bastante hipócrita y desesperada), clara burla e insulto casi tácito a quienes le dimos el voto, entre algunas otras cosas. Pero todo esto ya lo sabemos, y el actual gobierno también.

Lo que nos queda expresar es la mucha pena que sentimos de haber depositado la confianza de todo un pueblo en alguien que no se lo merecía. Lenin Moreno fue una figura muy importante de la década ganada, también hay que reconocer sus pocos aciertos. Por ahora, ganan los sectores de siempre, y pierden los más necesitados, los que por fin eran tomados en cuenta. Pero la Revolución Ciudadana no se acaba, nunca se acabará porque está en el alma y corazón de la gente. Como escribí en otro momento, el periodo 2007 – 2017, que sin lugar a duda fue la década ganada, fue también la década empezada. Esta traición solo nos hace más fuertes, con más convicción, más alertas y con menos paciencia para que vuelva desde el Gobierno nuestra Revolución. La traición y los traidores son siempre reconocidos como tales, y nunca logran nada grande, son olvidados y borrados de la memoria de los pueblos que le ponen su atención y cariño a los grandes estadistas y ejecutores leales con su pueblo.

Que pena, Lenín.

Erick Gaona
Estudiante secundario, futuro Bachiller de la República y futuro economista del mundo. Fue el primer Asambleísta por un día en la Asamblea Nacional de la República del Ecuador. Es actualmente editor y articulista del diario local El Tumbaqueño.

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